
Dentro de nuestro cerebro la comunicación entre las diferentes partes y entre las diferentes células no siempre ocurre de la misma manera. Y no siempre es igual porque no siempre las necesidades son las mismas. Algunas veces es necesario comunicar un mensaje específico de un punto a otro de manera rápida y directa. Por ejemplo, si tienes que mover un dedo, la orden para hacerlo viaja desde una región de tu corteza cerebral que se llama corteza motora hasta los músculos de los dedos. En este caso el mensaje viaja por un circuito que podríamos comparar con una línea de ferrocarril, con una direccionalidad marcada y en donde, eso sí, vamos a encontrar lugares en los que modular la información. Se trata de lo que conocemos como vías de proyección.
Sin embargo, hay veces que nuestro cerebro tiene que llevar a cabo funciones mucho más complejas que necesitan poner a trabajar en paralelo a regiones a veces muy distantes y que desempeñan funciones muy diferentes. En este caso la forma de establecer la comunicación no es a través de vías de proyección sino de redes de asociación, donde la forma de comunicación se parece más a un sistema de telefonía inalámbrica: no solo hace falta que el mensaje llegue, sino que además múltiples antenas en lugares remotos han de sincronizarse para que la información pueda integrarse.
Por tanto, mientras que, en un caso, la vía de proyección requiere de la integridad del carril por donde viaja la señal, en el otro, la red de asociación, requiere que distintas estructuras se sintonicen en la misma banda, en la misma frecuencia y trabajen al unísono.
Se trata de las redes neuronales. A pesar de que hay descritas muchas, en este artículo y debido a su relación con nuestro propio bienestar voy a centrarme en describir lo que conocemos como la triple red. Seguro que, a medida que vayas leyendo este artículo vas a ir encontrado aspectos de su funcionamiento que te resultan familiares en tu propio comportamiento, en la manera en que funcionas y, por qué no, en la causa por la que, con más frecuencia de la que te gustaría, te alejas de tu estado de bienestar. Y también, por eso mismo, espero que la lectura de este artículo te brinde la oportunidad de indagar en herramientas que ayuden a tu sistema a recuperar su equilibrio interior.
¿Qué es la triple red? La neurociencia moderna destaca el funcionamiento coordinado de tres redes principales que regulan gran parte de la cognición humana: La red neuronal por defecto que se enfoca en procesos internos y en la construcción del “yo”; la red ejecutiva que se enfoca en tareas externas y en la memoria de trabajo; y la red de saliencia que actúa como un interruptor dinámico entre ambas redes decidiendo cuál de las anteriores es la red que tiene que actuar en cada momento. Cuando el exterior no requiere de tu intervención directa porque no hay un estímulo que sea relevante, la red de saliencia permite que se active la red neuronal por defecto, pero si el exterior o tu propio interior requiere de tu intervención consciente para desempeñar una tarea, entonces la saliencia activa la red ejecutiva e inhibe la red neuronal por defecto.
Si no eres muy lego en estos temas –tranquilidad absoluta, es justo a ti a quien va dirigido este artículo y, me atrevo a decir, que mi trabajo en general- casi seguro que en medio de todos estos conceptos un poco etéreos habrás leído eso de la “construcción del yo” y te habrá llamado la atención. Y tiene mucho sentido que así haya sido porque es justo, en la construcción del yo en donde recae nuestra identidad y la forma en que nos relacionamos con el mundo. Y no te preocupes si estos términos te resultan nuevos porque lo importante es entender que en esa construcción del yo es donde se cocina quien crees que eres.
La red neuronal por defecto es una red formada por diferentes regiones cerebrales que se activa, como decía antes, cuando no estás enfocado en estímulos externos y se encarga, básicamente, del procesamiento interior. No me interesa hablar aquí de las regiones que integran esta red (digamos que ellas ya lo saben y no necesitan de nuestro conocimiento ni de nuestra intervención para funcionar), pero sí, en cambio, que sepas que la red neuronal por defecto se encarga de generar tu narrativa interna y, además, que esa narrativa sea coherente.
El resultado es que crea un personaje (el “yo” epistémico o “yo” narrativo”) que es una versión de ti mismo que sabe quien eres en base a lo que has vivido y las emociones que te han generado (es decir, tu narrativa interior o lo que es lo mismo, tus experiencias como individuo y como ser social) y que te convierten en el protagonista de tu película mental.
Y sí, porque como bien dice el Dr. Rafael Yuste en su libro “El cerebro, el teatro del mundo” este crea la realidad en la que vives. Para poder cumplir con esa función, la red neuronal por defecto, que es una viajera incansable, no crea un personaje a partir de los ingredientes que se dan en el ahora, sino que necesita dotar a ese personaje de una continuidad subjetiva que te permita sentir que eres la misma persona a lo largo del tiempo. Es decir, mientras que la red ejecutiva te enfoca en lo que estás haciendo en el momento presente, ya sea lavar los platos, conducir un coche o planificar un viaje, el personaje del yo narrativo suele estar en el ayer analizando lo que hiciste y proyectando hacia el mañana, anticipando lo que vendrá. Cuando ese análisis de lo que hiciste se convierte en crítica y ese anticipar lo que vendrá se convierte en temor suele ocurrir que nuestro estado de bienestar se resiente, fundamentalmente porque nos creemos a pies juntillas lo que ese personaje nos cuenta. Pero este tema encierra una complejidad mayor en la que me gustaría adentrarme contigo.
Antes de continuar y para no perdernos podríamos recalcar que la red neuronal por defecto es el sustrato biológico que permite a tu cerebro unir las piezas de la memoria y el lenguaje para tejer la historia de quien crees que eres. Seguro que te has dado cuenta de que si para construir tu “yo narrativo”, la red por defecto utiliza las piezas de la memoria, resultan fundamentales tus experiencias previas, y son especialmente importantes aquellas que ocurren durante la infancia.
La neurobiología nos dice que el yo narrativo tiene sus raíces en el habla autodirigida o privada que los niños utilizan durante la infancia. Al principio de su desarrollo comienzan a utilizar el habla para regular sus propias acciones y pensamientos en voz alta pero, poco a poco, ese lenguaje externo se interioriza y, unido a las interacciones sociales y a lo que percibe del exterior genera un monólogo interno abstracto que es el sustrato en el que se configura su identidad narrativa. Imagina la importancia que tiene en este punto cómo ha tenido lugar nuestro desarrollo desde la más tierna infancia, porque si el habla externa que el bebé interioriza es crítica o punitiva, su red neuronal por defecto creará un monólogo interno basado en la autocrítica, el juicio, el miedo y la carencia.
Luego, a medida que el niño se va desarrollando, lo hace también su red neuronal por defecto que va integrando progresivamente las vivencias que va teniendo, pero interpretándolas mediante ese monólogo interno que ya ha construido. Por tanto, las experiencias en la infancia moldean la red en un momento en que aun se está cableando físicamente. Llegados a este punto, modificar el sustrato sobre el que está construida tu red neuronal por defecto es una labor que requiere mucho de tu trabajo interior de autoconocimiento, pero desde luego, llegados a este punto sí que puedes darte cuenta de lo importante que es el cómo hablamos a los niños y que mensaje les transmitimos.
Volviendo a cómo funciona nuestra red neuronal por defecto, he mencionado antes que es una viajera incansable que no está nunca en el presente porque una de sus funciones más importantes es mantener una experiencia de continuidad subjetiva, que te permite sentir que eres la misma persona a pesar del paso del tiempo o de que tu entorno varíe.
La consecuencia de este modo de funcionar de la red neuronal por defecto es que, con mucha frecuencia, nos identificamos de tal manera con el yo narrativo que sentimos la necesidad de defenderlo a capa y espada sintiendo cada cambio en el entorno como una amenaza a nuestra identidad, como una amenaza a ese personaje que hemos construido. Porque, además, en comunicación directa con la red neuronal por defecto se encuentra el sistema límbico, una estructura de nuestro cerebro encargada de procesar nuestras emociones. En artículos futuros hablaré acerca de cómo funciona, pero hoy me basta con mencionarte que cuando interpretas que alguien cuestiona tu trabajo o tu imagen, la amígdala procesa esa emoción y se genera una respuesta de alarma que tiene la misma intensidad que si hubiera un peligro inminente. En esta reactividad está, además, uno de los orígenes del estrés crónico.
Habiendo leído hasta aquí podría parecer que somos esclavos de ese personaje que nuestra red neuronal por defecto escribió y fue alimentando hasta llegar hasta aquí. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, una vez que nos hemos dado cuenta podemos comenzar a hacernos cargo. Hay diversas herramientas que nos van a permitir desde dejar de vagabundear en la mente hasta cambiar el sustrato biológico para que nuestra red neuronal por defecto construya una narrativa más amable y flexible y, sobre todo, técnicas que nos enseñen que ese “yo narrativo” es solo una herramienta para relacionarnos, pero no nuestra identidad última. Estas técnicas vas a poder consultarlas en la sección de herramientas y en ellas verás formas de entrenar tu red neuronal ejecutiva y tu red de saliencia. Al hacerlo comenzarás a sentirte más a gusto en ti mismo, reconciliado con quien sientes que eres y mucho menos reactivo con el mundo exterior.
Por si quieres profundizar
Mashour, G. A., Roelfsema, P., Changeux, J.-P., & Dehaene, S. (2020). Conscious Processing and the Global Neuronal Workspace Hypothesis. Neuron, 105(5), 776–798. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2020.01.026.
Menon, V. (2011). Large-scale brain networks and psychopathology: a unifying triple network model. Trends in Cognitive Sciences, 15(10), 483–506. https://doi.org/10.1016/j.tics.2011.08.003.
Menon, V. (2023). 20 years of the default mode network: a review and synthesis. Neuron, 111(16), 2469–2487. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2023.04.023.
Senk, J., Kriener, B., Djurfeldt, M., Voges, N., Jiang, H.-J., Schüttler, L., Gramelsberger, G., Diesmann, M., Plesser, H. E., & van Albada, S. J. (2022). Connectivity concepts in neuronal network modeling. PLoS Computational Biology, 18(9), e1010086. https://doi.org/10.1371/journal.pcbi.1010086.
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