
A veces, solo necesitas que el sol te toque. Sin ponerte a pensarlo mucho casi seguro que recuerdas lo bien que te sienta cuando en invierno aparece un día soleado y sientes que te está invitando a salir y exponerte a esos rayos que no solo te calientan, sino que pareciera que te alimentan. Esa exposición al sol te relaja y te hace sentir bien.
No es en absoluto algo inventado por ti, tampoco es una sugestión por tu parte, qué va … es una sensación real. Este efecto que el sol ejerce sobre nuestro sistema forma parte de eso a lo que cada vez damos más importancia: La BIOFILIA.
Por supuesto, hay que tener la precaución de exponerse al sol cuando la radiación ultravioleta no sea tan alta como para producirnos quemaduras en la piel (aunque estas no sean visibles). Por eso no lo recomiendo durante los periodos estivales, pero es especialmente beneficioso hacerlo en invierno, primavera y otoño.
Los beneficios que va a generar en ti actúan a dos niveles, pero en ambos casos van a hacer que mejores tu sensación de bienestar:
- Por un lado, la incidencia de la luz solar sobre tu piel aumenta los niveles de dos de esos mensajeros químicos fundamentales para nuestro bienestar. El óxido nítrico, mensajero que va a contribuir a favorecer el flujo de tu sangre por tus venas y arterias porque actúa como un vasodilatador. Al hacerlo van a disminuir tus valores de presión arterial. La vitamina D, cuyos niveles también se asocian a ese estado de bienestar.
- Por otro lado, la sensación de estar al sol le dice a tu cerebro que estás en modo seguro, y una serie de “conversaciones” dentro de él termina activando el sistema nervioso parasimpático. La activación parasimpática disminuye tus niveles de estrés y de ansiedad, la activación parasimpática lleva tu cuerpo a casa.
Si además este baño de sol lo tomas de una manera consciente, no solo estarás recibiendo un estímulo agradable. También estarás favoreciendo que tu red neuronal por defecto deje paso a la red neuronal ejecutiva. Ambas redes son de alguna manera antagónicas y compiten entre ellas. Cuando la red neuronal ejecutiva habla, la red neuronal por defecto, calla. Y de este modo te será más fácil salir de la rumiación mental (ese bucle de pensamientos repetitivos que con mucha frecuencia secuestran nuestra atención).
Busca un espacio donde estés cómodo, si puede ser cerca de la naturaleza mejor, si no, el balcón de tu casa es también un lugar perfecto, porque la perfección la hallarás allá donde tu estés en calma. Solo tienes que sentarte, cerrar los ojos y dejar que el sol acaricie tu piel. Cuanto más contacto con él mejor, no importa que sea invierno, si el sol te toca el frío desaparece. No hagas nada. Solo observa cómo te sientes y permanece en silencio, atento a cualquier sutil cambio en tu estado interior. Tal vez notes que tu respiración se vuelve más lenta, que tu mente se aquieta, que tu cuerpo se relaja. Tal vez no notes nada. Pero algo está ocurriendo. Porque el sol no solo ilumina: también regula, sincroniza, despierta.
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