
Si observas la imagen que encabeza este artículo, verás una representación de lo que ocurre ahora mismo en tu interior: una red de conexiones que no es rígida ni estática, sino que brilla con la capacidad de expandirse. Esos destellos son la manifestación física de tu capacidad para aprender, cambiar y, en última instancia, rediseñar tu bienestar.
Posiblemente ya sabes que tu cerebro es plástico. ¡Como para no saberlo cuando está al orden del día en cualquier artículo de divulgación sobre neurociencia que leas! Pero ¿sabías que esa misma plasticidad es, por ejemplo, la que te mantiene atrapado en hábitos que no te gustan?
Lo que busco al mostrarte esta entrada del blog, querido lector, querida lectora, no es solo que veamos en qué consiste la plasticidad neural. Por supuesto que pretendo que hablemos de ello, pero también quiero mostrarte lo que significa que el cerebro sea tan plástico como es en realidad… porque pone en tu tejado (permíteme la expresión, que en este caso viene al pelo) la posibilidad de actuar a favor de tu bienestar. Una vez que conoces qué significa eso de la plasticidad neural podrás usarla en tu beneficio. Menudo privilegio … ¿no te parece?
Y también, cómo no, me gustaría mostrarte que como consecuencia de esa plasticidad caemos a veces en hábitos que nos arrastran y de los que no sabemos salir. Tomar consciencia de ello debería servir para eliminar la culpa que con tanto frecuencia nos acompaña y, al mismo tiempo, saber que podemos cambiar si recurrimos con constancia a pequeños trucos.
Vamos ya a ello. Como seguro sabes, tu cerebro realiza una enorme variedad y complejidad de funciones, que van desde contribuir a regular tu presión arterial, o regular la concentración de la orina que generas, a activar el movimiento de un músculo concreto o decidir que vestuario vas a ponerte para asistir a ese evento que tienes esta tarde. Todas esas funciones puede realizarlas gracias a una comunicación muy estrecha no solo entre partes muy diferentes de tu cerebro sino también entre el resto de tu cuerpo y tu cerebro. Dentro de ti, todo está en comunicación continua sin que tú te des cuenta si quiera de ello.
Y en medio de esto ¿qué es la plasticidad neural? Es la capacidad de tu sistema nervioso para reorganizar su estructura y funcionamiento en respuesta a estímulos tanto externos a ti como internos. A pesar de lo simple de la definición es evidente que este proceso plástico encierra una enorme complejidad y seguramente, ya estarás intuyendo que encierra también un enorme valor adaptativo. Me vas a permitir que antes de entrar a valorar cómo la plasticidad te ayuda a mejorar tu relación con el entorno, veamos cómo ocurre a grandes rasgos.
La neuroplasticidad no ocurre por un único proceso, sino que se manifiesta de formas diferentes dependiendo de cómo interaccionemos con nuestro entorno a través de la repetición (o de la falta de ella). Así puede ocurrir:
- Mejorando la comunicación. A veces se consigue simplemente haciendo que dos neuronas se comuniquen mejor y más rápido. Es lo que llamamos plasticidad sináptica.
- Rediseñando la arquitectura. Es decir, cambiando físicamente el entramado de comunicación que se establece entre dos o más neuronas. Es lo que llamamos plasticidad estructural.
- Sumando efectivos. Hay algunas zonas claves de tu cerebro en donde pueden nacer neuronas nuevas que se sumen a las tareas del cerebro. Es lo que llamamos neurogénesis.
- Reasignando funciones. Tal vez sea esta la forma de plasticidad más sorprendente porque el cerebro es capaz de reorganizarse por completo para que una zona asuma funciones nuevas si el entorno así lo requiere. Es lo que llamamos reorganización funcional.
Seguro que has oído hablar alguna vez, porque así se pensó durante mucho tiempo, que el número de neuronas que teníamos no podía aumentar una vez que nuestro cerebro había alcanzado su madurez y que desde ese instante el número de nuestra células nerviosas no hacía sino disminuir. De alguna forma esta visión era una condena: si no podíamos crear nuevas células o redes, o remodelar las que ya teníamos, estábamos limitados a lo aprendido en la juventud. Afortunadamente, el descubrimiento de la plasticidad rompió ese corsé.
Tal vez te maraville tanto como a mí el conocer que esa plasticidad neural ocurre sin apenas darnos cuenta cada vez que ejecutamos de manera rutinaria determinadas acciones. Por ejemplo, el hecho de tocar un instrumento de cuerda hace que varíe en nuestra corteza somatosensorial la zona que se encarga de procesar la información sensorial del tacto de nuestros dedos. Lo mismo ocurre con aquellas personas que tienen discapacidad visual total y que leen mediante braille. En estas personas, la información táctil del braille no llega solo a la corteza somatosensorial como ocurriría con una persona con visión normal que pasa sus dedos por el relieve del braille, sino que llega también a una región de la corteza occipital que se encarga habitualmente de procesar la información visual.
Lo que resulta absolutamente apasionante de este proceso es que esa plasticidad se puede inducir realizando una actividad de manera repetida o, simplemente, pensándola también rutinariamente. Y ambas acciones tienen las mismas consecuencias. ¿Sorprendente, verdad, comprobar una vez más el enorme poder que tiene nuestro pensamiento?
Pero la plasticidad neural no solo consiste en generar nuevas conexiones o incrementar el número de neuronas. La plasticidad neural también conlleva eliminar aquellas vías que no se utilizan. Así, por ejemplo, los recién nacidos de muchas especies, incluida por supuesto la nuestra, tienen una basta red de conexiones neurales que posibilitan el aprendizaje de muchas tareas y la adquisición de numerosas habilidades físicas y cognitivas. Durante el desarrollo todas esas conexiones que no se han ido reforzando se eliminan selectivamente en un proceso que genéricamente conocemos como “poda sináptica”. De igual forma, la poda sináptica ocurre para permitir eliminar de “nuestros registros” aquella información almacenada que ya no supone ningún valor adaptativo para nosotros.
Seguro que ya te has dado cuenta de que este proceso de la plasticidad neural es una fuente de desarrollo no solo porque te permite adquirir nuevas habilidades que amplían el horizonte de tu bienestar sino también porque, al hacerlo, fortalecen eso que, desde la neurociencia, llamamos reserva cognitiva.
Pero seguro que también te estás planteando que si la plasticidad ocurre muchas veces sin que si quiera nos demos cuenta ¿qué podemos hacer para favorecer ese proceso? Y por supuesto, aquí viene aquello en lo que podemos hacernos cargo.
Para que la plasticidad neuronal pueda tener lugar necesita un fuente de carburante que la alimente y necesita también de una arquitectura en donde poder edificarse. Y es en ambos casos en donde podemos tomar parte activa y consciente, donde podemos poner nuestro granito de arena y hacer que se convierta en un sustrato sólido como una catedral.
La gasolina que necesita la plasticidad para poder tener lugar es una proteína que se llama BDNF (factor neurotrófico cerebral). Cualquier incremento en sus niveles dentro de tu cerebro incrementan la capacidad plástica del mismo. La forma mejor de incrementar esos niveles de BDNF es mediante el ejercicio físico. Por tanto, no se trata solo de que el ejercicio mejore tu salud cardiovascular, sino que, además y tan importante como eso, es que mejora tu capacidad de adaptación, de resiliencia, de ánimo porque favorece la plasticidad de tu cerebro. Y no es necesario correr una maratón, incluso un paseo a buen ritmo ya empieza a liberar ese apreciado fertilizante.
Pero además, para que esta plasticidad pueda desarrollarse es importante que seamos capaces de mantener el foco de nuestra atención porque ese va a ser el arquitecto que va a permitir la constancia necesaria para establecer nuevas rutas y conexiones. Aunque hablaremos en mucho más detalle en futuras entradas del blog, esa capacidad de atención se logra favoreciendo la actividad de lo que llamamos la red neuronal ejecutiva y disminuyendo la actividad de la red neuronal por defecto. La ciencia ha demostrado que las prácticas meditativas favorecen precisamente esa transición entre ambas redes, cuyo significado te mostraré en próximas entradas. Y aunque más adelante entremos a ver cómo funcionan, sí has de saber que la red neuronal por defecto cuando está desequilibrada es la que nos lleva a eso que llamamos rumiación mental y que nos atasca en pensamientos negativos. Es importante entender que esto no sucede por una supuesta “maldad” de nuestro cerebro, sino por una inercia plástica que ahora sabemos cómo empezar a redirigir.
Por si te interesa profundizar:
Faria Diniz, C.R.A y Crestani, A. P. (2023) The times they are a-changin´: a proposal on how brain flexibility goes beyond the obvious to include the concepts of “upward” and “downward” to neuroplasticity. Molecular Psychiatry 28 977-992. https://doi.org/10.1038/s41380-022-01931-x
Gazerani, P. (2025) The neuroplastic brain: current breakthroughs and emerging frontiers. Brain Research 1858. https://doi.org/10.1016/j.brainres.2025.149643
Kaczmarek, B. (2020) Current viewa on neuroplasticity: What is new and what is old? Acta Neuropsychologica 118, 1. 1-14.
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Querida Isabel.
En algunas ocasiones tengo que explicar la función neuronal, la plasticidad de nuestro cerebro, como se comporta cuando estamos presentes y como la meditación lo enciende. Las personas que lo reciben no son eruditos en la materia y los palabras que los científicos usan no ayudan mucho a entender. Nada como las explica tu, con claridad pero entendible. Gracias
Gracias Juan Antonio.
La idea es precisamente esa. Acercar el conocimiento acerca de cómo funcionamos con un lenguaje asequible pero riguroso.
Un abrazo.